sábado, 12 de mayo de 2012

DÉJALO NACER


SALMO 139:1.."Oh DIOS, tú me has examinado y conocido. 2.Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; 3.Has escudriñado mi andar y mi reposo y todos mis caminos te son conocidos...
11. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aún la noche resplandecerá dentro de mí.
12.Aún las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
Ciertamente Dios conoce al Hombre, y cuando reflexionamos en esto estamos hablando, no del conocimiento físico, sino del interno.
Dios nos conoce internamente, el sabe como fuimos formados en el vientre de nuestras madres, por que El mismo que es la Vida estaba allí. Pero Dios nos conoce aún más profundamente, al punto de no haber nada, que podamos esconderle, ni tampoco ningún lugar, en el que podamos escondernos de delante de sus ojos.
El primer Hombre, Adán y Eva, fueron creados por y en el Amor de Dios, con libre albedrío y con un solo mandamiento, al fallar al mismo, se escondieron de Dios detrás de un árbol.
El intento del corazón del Hombre ha sido desde entonces, huir y esconderse, esconderse y huir; física , mental y espiritualmente.
El Hombre en vez de reconocer y sacar a la luz, confesando lo que le hace mal o aquello que hizo mal, lo esconde: físicamente, emocionalmente, o espiritualmente; porque en aquella primera transgresión al mandamiento pierde algo que será muy difícil recuperar: la Confianza en su Creador, en Sí mismo y en su Prójimo.
La consecuencia de esto lo notamos sobre las generaciones que nos precedieron y en las nuestras: Graves problemas de culpabilidad, de remordimientos, y de hipocresía quitan nuestra paz: con Dios, con nosotros mismos y con el prójimo.
Un hombre llamado Moisés, se encuentra huyendo, al ser descubierto de un homicidio cometido y escondido, tal vez debajo de las arenas del desierto de su conciencia (éxodo 2:12); el temor y las tinieblas entre las cuales había querido tapar este hecho se le transforman en maldición, lo delatan y denuncian ante la luz del día, dice el salmo que habíamos leído en el versículo 12.
 Proverbios 28:1 dice"Huye el impío sin que nadie lo persiga; .."
Y es verdad porque, muchas veces nos hemos encontrado huyendo, creyendo que alguien sabía o nos había visto hacer aquello que hicimos; pero en realidad, huíamos de Dios, de quién nosotros sabíamos que sabía...
En el salmo 139:13 dice" Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre" y en el 16 "mi embrión vieron tus ojos" ( o tu ojos me vieron cuando comencé a vivir)
Dos puntos muy determinantes, decisivos, fuertes tienen estos versículos, dos verdades: 1- Dios es omnisciente y omnipresente, y su conocimiento sobre mí es alcanzado por estas capacidades de Dios; El conoce la palabra antes de que la hable, mi sentarme y mi levantarme; esto marca lo más íntimo de mi ser. 
El sabe cuando huyo, por qué huyo, de quién y de qué.
En un tiempo, antes de conocer a Dios, consultaba a diversos psicólogos y ellos me decían que solo podían ayudarme a que aquello que estaba escondido dentro de lo más profundo de mí, pudiera aflorar a la superficie como un corcho de botella flotando en el agua, pero que no podían hacer nada más que eso: que yo supiera de qué huía. Y nada más que  para cargar con esa culpa o remordimiento.
2- Que así como El conoce lo más profundo del hombre y sabe dónde está, aunque quiera esconderse detrás de apariencias y caretas, también Él, es el creador de la Vida y que Él dio un lugar llamado: vientre de la mujer, para generarla. 
Nadie tiene autoridad sobre esa vida más que Él, nadie puede cortarla, quién lo haga iniciará una larga huida, y las sombras no podrán esconderlo de los ojos de Dios, así como esa Vida, ese Embrión era mirado por su omnisciencia.
Esta reflexión va directamente a quienes van en contra de estas dos razones fundamentales de Dios.
 El nos dio vida y nos conoció. Así como te dio vida a ti y te conoce, no puedes cortar la vida que se gestó por su voluntad dentro de ti; no tienes derecho.

Dios te quiere evitar el dolor de vivir huyendo de ti misma, negando la culpa, y escondiéndote detrás de depresiones, enfermedades, etc.

Él como lo hizo con Adán y Eva, Moisés, tantos otros, te llama para que puedas saber tú misma, detrás de qué te estás escondiendo.
 Puede ser un falsa libertad, como una falsa confesión, o una falsa postura ¿qué caretas te has puesto?.
 Corre hacia Jesús y confiesa lo que hiciste y detrás de dónde te escondiste. Dios te llama para perdonar tu pecado, si te arrepientes, devolverte la paz.

Y a quién lea este artículo y si por alguna razón pensabas en no dejar nacer a quién ya vive en tu vientre te ruego, en el Nombre del Señor Jesús : DÉJALO NACER!
Dios te bendiga!
Pra Sara Olguín.




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