domingo, 25 de agosto de 2013

CUANDO DIOS CAMBIA NUESTROS PLANES




Números 21: 4 " Los israelitas salieron del monte Hor, por la ruta del Mar Rojo, bordeando el territorio de Edom. En el camino se impacientaron y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés"
Veamos por parte.
La enseñanza que nos imparte nuestro Maestro Espíritu Santo a través de este versículo es:
1. Moisés como líder por alguna razón llevó al pueblo a bordear el territorio de Edom. Esto hizo que el viaje se hiciera más pesado y largo, evidentemente.
Muchas veces como padres o líderes, sea de un ministerio espiritual, de una empresa o como dije de una familia, nos vemos en la obligación de cambiar rutas, planes, viajes, compras, o ventas. Ello se debe a que por estar en una posición adelantada, de punta, nuestros ojos deben abarcar o tener una visión más amplia sobre aquello que queremos alcanzar. Así Dios,  nos dice en Isaías 55:9 " Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra! ¡Wow! Esto es tremendo, pero así como nos impacta es también lo difícil que se nos hace confiar en un verdadero Dios, quién alcanza más allá de nuestro mañana, quién sabe, ve y se mueve en las generaciones que nosotros no conoceremos. Y cuyos pensamientos cuando nos llegan como advertencias o exhortadas correcciones son solo para que el camino siga llevándonos al propósito por el cual estamos en el mismo. Imaginémonos si nos es difícil dejarnos conducir por los pensamientos de Dios, cuanto nos será de difícil dejarnos conducir por una persona igual a nosotros. Así que el pueblo veía a Moisés y no entendía sus cambios repentinos en los planes; creían que sus razones eran muy distintas a las de ellos, que por cierto eran diferentes, ya que Moisés respondía a las directivas de Dios y ellos a las de sus deseos personales. Lo mismo sucede en un ministerio, empresa o familia. El que es llevado piensa que quién conduce no lo hace hacia donde el quiere o desea, haciendo caso omiso al resto que compone el grupo; piensan que tienen un líder para uno mismo, o un papá para uno solo, un poco ridículo ¿no?
Dios le había dicho a Moisés, que cuando se encontrara en territorio de los descendientes de Esaú, no se le ocurriera introducirlos allí , ni siquiera para comer o menos para beber, porque ese territorio él se lo había dado a ellos ( Dt 2:4-6) Quiero agregar aprovechando la ocasión que me da este versículo, acerca de la fidelidad de Dios cuando nos entrega nuestra herencia en medio de los santificados (Hechos 26:18b ) ya que muchas veces tenemos temor que otros nos copien, nos saquen lo que fatigosamente hemos conquistado, ignorando u olvidándonos de esto. Si Dios nos dio, él mismo se encarga de defender y de hacer respetar nuestro llamado, nuestra tierra, empresa, familia, de los que andan errantes apropiándose de lo que no les pertenece.  La manera con que Dios defiende nuestros límites es a través de un temor divino, es decir no es del hombre sino que viene de Dios. Este temor es el que invade a aquellos que quieren quedarse con lo que Dios puso en tus manos. Este temor es nuestra quietud y nuestro reposo en él, que nos hace vivir confiados. Los descendientes de Esaú tenían miedo de perder dominio y territorio frente al pueblo que conducía Moisés, porque no habían perfeccionado su temor en Dios, eso hizo que reaccionaran con agresividad y violencia, mostrándoles la fuerza y poder de su ejército y negándose rotundamente su paso por su territorio, algo que Dios ya le había dicho a Moisés.  Ves si Dios te dio lo que tienes en tus manos será él mismo quién te espante a tus enemigos, no tu fuerza, no tu agresividad, o tus reacciones antisociales. Así que esta fue la razón por la cual Moisés decidió apartar al pueblo llevándolos por las orillas.
 Cuántas veces hemos reaccionado como este pueblo, siendo hijos, siendo esposas, siendo ovejas o empleados. ¡Ah sí! enseguidita protestábamos de que no se nos estaba cumpliendo con lo dicho, y cuando nos explicaban no queríamos oír ni ver. Aprendamos! podríamos estar perdiéndonos en estos momentos una gran bendición según el lugar que estemos ocupando.
2. En el camino se impacientaron..
La impaciencia, ¿por qué esta señora nos  debe acompañar tan tercamente, cuando no la hemos ni siquiera invitado?
 Bueno ella no viene sola, a su vez se une a la Queja.
 La queja es la primera que notamos que nos está acompañando y después aparece ella, la impaciencia. Son infaltables, pero podemos, si aprendemos hacerlas sentir extrañas e incómodas, hacerlas cansar y que se queden en alguna parada obligatoria en nuestro viaje.
La queja desiste cuando hacemos de una actitud un hábito nuevo. ¿Cómo?  Madurando, o pensando con madurez y responsabilidad de nuestros actos, obligando a nuestra alma que entienda que le hemos entregado en libre albedrío nuestras vidas al Señor, y esto significa que será Dios quién nos conduzca a través de su palabra y de sus líderes; confiando plenamente en sus promesas. Conociéndolo a través del dialogo constante durante el viaje, por este largo y placentero camino de la Fe. 
Su palabra nos tiene que servir para hacer caer de nuestra mente antiguos pensamientos ganados en nuestra infancia, adolescencia o juventud, mentiras antagónicas al amor de Dios. 
La falta de confianza en los liderazgos a partir de fracasos en las figuras o modelos que hemos tenido como conductores, sean padres, maestros, etc., debe ser reemplazada por la aceptación de que, aquellos son humanos como también lo somos nosotros y que pudieron o pueden fallarnos. El perdón de aquellas cosas que no comprendiendo hemos condenado o criticado,  nos permitirá arrancarlas y plantar en su lugar  pensamientos correctos;  estas nuevas actitudes, nos liberará, sanará y causará una apertura mental y espiritual que afectará exitosamente, no solo nuestro viaje espiritual sino nuestro peregrinaje en la tierra con todos aquellos que forman parte del mismo y de nuestras relaciones, ya sea que estemos en la posición de llevar o de ser llevados.
3. El pueblo ignorando las razones de Moisés que era llevado por Dios, comenzaron en su impaciencia a hablar mal del Señor y de Moisés.
Queremos obtener resultados buenos, agradables y de bendición, entonces, aprendamos ha reaccionar diferentemente al mundo, y aquellos hermanos o líderes que cuando se impacientan porque algo no esta funcionando o dando el resultado esperado buscan culpables y culpas, acusando y criticando, opinando y tergiversando la visión, o los objetivos del grupo familiar, ministerial o empresarial.
No confesemos lo contrario de la palabra, sé que la influencia espiritual en momentos así es muy fuerte y presiona nuestra sangre, acelera nuestros pensamientos, y trae imágenes negativas, o de antiguos fracasos, todo esto es del infierno; Satanás, que es nuestro adversario,  se nos opone en nuestro viaje y actúa con todas sus huestes de maldad  confrontando nuestras almas contra el amor de Dios. 
Suceda lo que suceda siempre será Dios, nuestro Padre y Salvador que nos estará defendiendo y conduciendo, aunque el camino por momentos se nos haga pesado, más largo y dificultoso, o que llegando a un posible puesto de descanso lo debamos dejar pasar para continuar.
Recordemos que sus Pensamientos son mucho más altos que los nuestros y de aquellos que nos conducen, que Dios nos envió su Santo Espíritu para hacernos avistar más allá de lo que humanamente podemos ver; que si Él nos dio será el mismo nuestro muro y antemuro, por lo que podemos dejar pasar a los necesitados de alimento y agua a nuestra tierra, porque si vienen a robarnos o destruirnos el Temor de Dios los espantará.
Oh hermanos cuanto nos enseña su palabra, debemos agradecer a Dios que nos permita aprender con los errores y caídas del pueblo de Israel, así como cuando pequeños aprendíamos de los chirlos que recibían nuestros hermanos mayores al hacer lo que no estaba bien.
Por lo demás hermanos, los dejo con esta hermosa lectura para que sigan meditándola. Y no se olviden de agradecerle a Dios por los conductores que les ha dado sean o hayan sido ellos nuestros  padres, pastores, patrones o hermanos mayores.
Que Dios te bendiga abundantemente.
 Pastora Sara Olguín

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