domingo, 3 de noviembre de 2013

CUIDA EL LUGAR QUE DIOS TE DIO



El lugar que yo quería.
Que feo lo que sentimos cuando observamos de lejos, el lugar que habíamos soñado, ser ocupado por otra persona. Una mezcla de fracaso, dolor, tristeza por la pérdida y una sensación de que algo nos quedó incompleto. Como sí nos hubiera faltado un miembro a nuestro cuerpo, por lo que no fuimos aceptados. Todo esto, hasta que por fin lo superamos,  no es agradable. 
El lugar que yo tenía.¡Ah esto es otra cosa!, y más doloroso que lo anterior. Haber sido elegido y perder ese lugar, ya es mucho más traumante, que no haberlo alcanzado.
Luchar por lograr un objetivo es como remar contra las olas; subimos y bajamos, vamos hacia adelante y hacia tras, pero las olas son la causa y en un momento las venceremos. Esa lucha nos mantiene en línea, atentos, vigilantes, mejorándonos constantemente, trabajando día y noche para ello.
Mientras que, alcanzar un objetivo, llegar a obtener aquello por lo cual luchábamos, no es igual a remar contra las olas; ahora se trata de ser esa ola, que debe echar hacia afuera a los intrusos que nos quieren vencer.
 Y esos intrusos ya no son los que quieren nuestro puesto, No!  los verdaderos intrusos o enemigos, son los que están adentro nuestro y que cuando ganan ventajas en nuestro carácter, nos van moviendo hacia afuera de nuestra posición ganada.
 Me viene a la mente una reina: Vasti , así como nos cuenta la palabra, en Ester 1:12 " Mas la reina Vasti no quiso comparecer a la orden del rey enviada por medio de los eunucos; y el rey se enojó mucho y se encendió su ira"Ella perdió su puesto y todo lo que significaba el mismo.
El sueño de toda jovencita: ser una reina, ella lo perdió en un momento. Aparentemente. Sí. Porque  un lugar no se pierde de repente, lo vamos perdiendo cuando empezamos a desvalorizarlo, a acostumbrarnos al mismo, cuando ya no seguimos trabajando sobre nuestro carácter, sean nuestras emociones o nuestro físico, o nuestras capacidades intelectuales. Cuando nos molestan los que están dependiendo de nosotros, o a los que debemos rendirles cuentas todos los días. Vasti, fue vencida por todo aquello que nos ataca cuando ya tenemos el lugar por el que luchábamos o que no soñamos jamás. Se acostumbró, dejó que su entusiasmo perdiera día a día el fuego, la pasión, la alegría, la gratitud. Todo le habrá parecido vació, asfixiante, rutinario, obligado y se movió de su rol, lo desvalorizó. Ella misma le quitó el valor: a su posición, a la corona, a su gobierno junto al rey, a los gobernados, a su propio motivo de vivir.

Cuándo llegamos a la meta por la que luchábamos, para la cual nacimos o  que por gracia hemos recibido, estamos llenos de emociones, entusiasmo, planes, generosidad, bondad, buenos pensamientos, sinceridad, pero en un momento los intrusos nos invaden el alma, la voluntad, la visión y las fuerzas, y cuando menos nos damos cuenta perdimos a nuestro conjugue, a alguno de nuestros hijos, al trabajo, el puesto que tantos otros, estaban deseando y que consideran grande, inalcanzable y para nosotros  ahora es tan insignificante, ya no luchamos para mantener encendida la luz, el fuego, la vida, en aquel lugar, dentro y sobre el cual, reinábamos todos los días, exhibiendo una corona única. Una posición y un rol, que otros desearían tener y no llegan, nosotros los descuidamos hasta perderle. Tal vez no te pasa esto a ti, no te ha pasado, pero sabes siembre es bueno tenerlo presente porque a otros sí, les pasó, como a Vasti.

Muchos cayeron de la Gracia, porque se creyeron estar muy firmes en su puesto, y abandonando su rol día a día, quedaron fuera de la presencia de Dios, perdieron ministerio, perdieron relaciones, ¡perdieron todo! 
  Hebreos 6:4-12 dice 4-"Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados, y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5- Y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6- Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndola a vituperio 7- Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8-pero la que produce espinos y abrojos es reprobada está próxima a ser maldecida y su fin es el ser quemada. 9-Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así  11- Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza 12- a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas."
Vasti, fue una tierra bendecida, labrada para ser bendición a su pueblo, pero la pereza le robó la perseverancia, la fuerza y el entusiasmo en su rol. La ira del rey se encendió contra ella y lo perdió todo. Vasti se endureció poco a poco y no reconoció el momento justo para arrepentirse a tiempo y cambiar su actitud. Nosotros tenemos un Rey compasivo, que ha provisto abundancia de gracia para perdonarnos si nos arrepentimos en el momento justo para no recaer en la misma actitud de Vasti, quién  no es  digna de imitar; pero  tenemos a un Rey, Jesucristo que no es hombre como el rey Asuero, que se llene de ira y nos consuma, sino que atenderá a nuestro arrepentimiento para perdonarnos y no sacarnos sino mantenernos en el lugar y el rol que nos asignó. Y también tenemos  a una Reina, la Iglesia, para imitar y tomar  ejemplo de su pasión y de su fuerza para mantenerse pronta a exhibir su fruto de perseverancia ante Él, nuestro Rey.
No nos hagamos perezosos sino imitadores de todos aquellos que retuvieron su lugar ejerciendo su rol, dignamente, sin cansarse ante Dios, ante ellos mismos y ante el resto de los hombres. No te hagas perezosa en tu matrimonio, en tu hogar y en ese lugar que ocupas que tantos sueñan con tener y que te están mirando como lo ejecutas.
Dios te bendiga. Pastora Sara Olguin.
Derechos de Autor Reservados.

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