jueves, 19 de diciembre de 2013

El GRAN REGALO EN EL ARBOL SIN LUZ




Muchos van a buscar, su regalo, debajo de un gran árbol; por una vez  al año, sienten la emoción de recibirlo; de recibir una demostración de afecto o de valor de su persona, porque allí hay intercambios de regalos.
 Tremenda es la desilusión cuando abriéndolo, comprueban que era un objeto de bajo costo, esto les hace sentir  que son poco valorados por los demás. 
Aquel momento que se repite una vez al año empieza a generar envidias, celos, divisiones; o  por el contrario,  despierta el inicio de grandes amistades porque el regalo fue muy caro, muy especial y sube la autoestima de muchos, el interés de otros.
 Así nos enseñaron desde muy pequeños y en muchos  influían aquellas  únicas y especiales noches al año,  en las cuales, debajo de ese árbol, se ponían "expectativas",  con las que luego  dificaríamos nuestras vidas,  a partir de un sentimiento íntimo, de valor o de menoscabo. (cuanto más aprecio me tienen, mi regalo sería de más valor, cuanto menos aprecio, de poco valor).
Hubo un leño levantado hace 2.000 años atrás,  en el cual el Padre que había perdido a los suyos (Isaías 53:6) depositó un gran e inmenso regalo, para todos sus hijos, para que ellos supieran cuán grande fue y es su amor; cuánto es su aprecio y el valor que tienen para Él.(San Juan 3:16)
Ese árbol está expuesto a todos, los 365 días del año, y ese "gran regalo" para cada uno, esta allí para ser tomado, por quién así lo quiera recibir.
La tristeza del Padre es que pocos lo entienden, pocos vienen a buscar su regalo, muchos de sus hijos les agrada más hacerlo una vez al año debajo de otro gran árbol más atrayente, con muchos más colores, y luces; alrededor del cual suena música, y se come muy bien.
 El leño donde esta el regalo de Dios por el contrario, no tiene atractivo para ser deseado, no tiene luces sino que sobre el mismo cayó toda la oscuridad, (Mateo 27:45) No tiene música porque hay una tristeza de arrepentimiento a su alrededor, y no hay voces de risas ni comidas, sino una íntima y oscura soledad.(Mateo 27:46)
 Hace miles de años en un huerto hubieron dos árboles también;  uno era el de la Vida y el otro el del Bien y del Mal. Creo que el de la Vida no habrá tenido un atractivo exterior porque no despertó la curiosidad de Eva, la primer mujer, sino que ella fue a por el fruto que le presentaba el otro, que irradiaba una luz seductiva y prometedora.(Génesis 3:6)
Así ayer y hoy tenemos estos dos árboles: Uno,  despierta el anhelo y el deseo de tener de una manera menos desagradable lo que necesitamos: Alegría, compañía, distracción, seducción, regalos caros, apreciación, etc., por una vez al año, pero vale la pena, nos brinda una hermosa y mágica noche,  rodeados de luces, música "encantadora", delante del cual todos son iguales, hay tantos halagos engañadores que no se puede dejar de festejar, aparte están "los regalos".
 Y el otro árbol como dije, no está iluminado, no tiene adornos ni atractivos ( Isaías 53:2b ) Allí,  me encuentro solo y no me gusta abrir mi regalito en soledad; aparte ante este  árbol me siento culpable de cosas que me gustan, en vez  con el  otro soy libre de hacerlas(Isaías 53:5) . En este alto y oscuro árbol me aburro, no hay alegría sino que no sé porque siento una gran tristeza que me lleva a llorar y no quiero, quiero reír, quiero bailar (Isaías 53:3)
No podría y no quiero reemplazar este árbol que tradicionalmente, una vez al año me brinda tanta alegría, haciéndome reconciliar con mis familiares, amigos y conocidos (aunque sea por un día) por ese otro que aparte de ser tan deprimente me hará separar de lo que yo amo: el mundo, su luz y su gloria (Isaías 53:4).
Uno está para nosotros con un gran, único y personal regalo, todos los días; el otro una vez al año nos presenta la "vida" llena de luces, alegría, fiesta con tantos regalos intercambiados.
Muchos no abrieron y no abrirán nunca el regalo especial del Padre, lleno de amor por sus hijos perdidos y seguirán abriendo año tras año, en una noche especial, regalos que los llenaran de envidia, celos y rencores o los harán sentir valiosos, amados, y muy respetados. Pero aquellos que un día cualquiera del año, se acercaron a tomar del árbol seco y oscuro, su regalo descubrieron que en Él estaba la Luz, y la Luz era la vida de los hombres ( San Juan 1:4), y dejando las tinieblas pasaron a Vida Eterna, gozándose diariamente con la felicidad que le brindó el regalo de su Padre celestial, a sus almas.
Deuteronomio 30:19b dice "...escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia"
¿Cuál árbol has escogido?
Dios te bendiga. Pastora Sara Olguín


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