martes, 17 de diciembre de 2013

TOCADOS POR LAS MANOS DE DIOS

Jeremías 18:4 " Y la vasija de barro que él hacia se echó a perder en su mano;  y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
6b- ...He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel."
En el versículo 4, nos cuenta Jeremías lo que vio en casa del alfarero. Cómo bajo esas manos,  le estaba dando una forma especial y única, y aquella vasija se echó a perder.
 Es decir mientras el la tornaba, su consistencia no alcanzó a retener esa forma modelada.
 Pero dice que fue en "sus manos" o sea, no ocurrió en el horno, o en el tiempo de secado sino cuando el artesano la moldeaba. Esto habló a mi espíritu, tal vez como esa imagen habló a Jeremías, el profeta de Dios.
El artesano mientras esta dando la forma de la vasija de arcilla, la tiene en movimiento, con agua y entre sus manos.
El movimiento es como la rueda de la vida, con sus aflicciones; aquellas que nos dijo Jesús que tendríamos, pero las cuales él había ya vencido, por y para nosotros. (San Juan 16:33)
 El agua es la continúa presencia de su Espíritu en la palabra.
 Las manos del Señor que nos moldean para mí, es su palabra en mi espíritu.
 Ella entra como agua de vida allí y luego penetra a mi alma, en la cual tiene que modelar una forma nueva en que seré transformada.
En ese proceso mucho de nosotros nos deterioramos, no lo resistimos. Pero Dios por eso no nos aparta, o nos deshecha.
 Tal vez muchos nos ven en una prueba que no aprobamos, y es como si se repitiera en nuestras vidas, y ellos piensan:-Esta no va más, siempre hace lo mismo! ¡Pero este hermano siempre con lo mismo, no aprende! ¡Qué bueno que el Alfarero no es así!  Si no estuviéramos en sus manos, sería otra cosa, no lo sé, pero aquí la palabra nos enseña, que en las pruebas de transformación, en los procesos de moldeado yo y tú estamos en sus manos, y aunque seamos debiluchos y no lo resistamos, tanto movimiento, tanta agua y tanto tacto, él, nuestro Dios nos rehace, ¡huy! ¡Qué hermoso!
 No nos castiga, no nos deshecha, no nos insulta, no nos descarta: Nos rehace.
 Sí, es cierto que es mucho mejor aguantar ese amasado de sus manos en nuestras almas, es mucho mejor cuando salimos rápido al horno y luego al secado, para que los demás nos vean nuestra nueva forma y sean bendecidos, pero también es bueno tener este aliento de Dios, que si te quebrarás en sus manos el no te sacará de las mismas tirándote al basurero, ¡No! Él no te reemplaza con otra, sino que se ha empeñado  en sacar de ti un vaso con su forma, a su gusto, para su Gloria, y así será, ¡aleluya!
Cuando Él nos pensó; en Isaías 43:1 " así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú" nos puso un nombre dice la Palabra, Él nos llamó:¡mío eres tú! bajo ese nombre esta su proyecto, o sea tu propósito en Él, mi propósito en Él,  dice este versículo con la veracidad de su boca, Creador tuyo, Formador tuyo, Él es quién quiere formarte, moldearte y modelarte; y aunque muchas veces nos deshagamos entre sus manos según su palabra con el mismo barro nos rehará.
Él no nos perderá, fue a un alto precio nuestro rescate cuando estábamos extraviados. El cumplirá su propósito en cada uno de nosotros, su mayor gozo es vernos entrar al cielo: terminados, acabados, completos, satisfechos, hechos por Él: Made in Dios.
No te desanimes, no creas que has sido descartado, si aún te quedas entre sus manos, no temas al movimiento de la vida, y su agua no te dejará endurecer sino  pídele  que siga, que siga y te moldee según su gran Sabiduría, yo también lo haré.
Dios te bendiga, Pastora Sara Olguín. Ministerio Casa de Pan.
(derechos de autor reservados)

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