jueves, 13 de marzo de 2014

RELACIONANDONOS: DIOS, YO Y TU.


Pensaba cuantas relaciones en este preciso momento se están iniciando en el mundo, las causas de sus inicios y el fin  de ellas pueden ser variados, parecidos, durables o efímeros, pero lo seguro en todas ellas es que se generaran a partir de una cosa y esa es la confianza.

La confianza es la base de la credibilidad
Nada puede moverse sin esa fe o certeza, en aquello sobre lo que están asentados nuestros pies, nuestras emociones, nuestros sueños, nuestros planes, nuestros proyectos o nuestros sentimientos.

La confianza genera credibilidad.
 Cuanta más confianza, mayor credibilidad, y cuanta más credibilidad tenemos en aquello sobre lo cual estamos edificando, seremos capaces de producir mayores empresas en todo orden: emocionales, sentimentales, comerciales, intelectuales, familiares, financieros, etc.


La confianza cuando comienza a generar credibilidad produce una aleación férrea, una masa indestructible o indivisible.
 El hombre está dotado por Dios para esto.
La palabra de Dios, nos dice que Dios dio al hombre fe.
La fe es un regalo de Dios (Efesios 2:8
Dios, nuestro creador sabía que necesitaríamos fe para creer en Él primeramente, luego en nosotros mismos,  y después en el prójimo y  así, en todo aquello que subiera a nuestro corazón para: inventar, producir, crear, etc., por ser parte del diseño de Dios.

Imaginemos teniendo solamente fe en Dios. Y Dios nos dijera: -Ve, con esta tu fuerza  y hazlo, créalo, prodúcelo (Jueces 6:14) Y nosotros le respondiéramos: -Si iré ,pero no sé si lo podré lograr como tu esperas.
¿Qué vemos que hay en ese corazón que responde de una manera parecida a ésta? Dudas, dudas de sí mismo. No de quién es Dios, sino de quién es él en Dios.
La duda y la ignorancia nos contaminan la fe.

La fe es necesaria para que exista una relación sana.

La fe en Dios, es elemental, pero también, la fe para creer en mí, como hijo de Dios y no creer que soy, un agregado en la familia de Dios


Entonces puedo añadir que, en el inicio de toda relación existe la confianza que genera credibilidad, y que ambas, producen certeza de identidades: Tu eres ese y yo soy yo.

 Cuando sabemos quienes somos y quien es el otro, es porque tenemos conocimiento de quien es Dios.

 Esta certeza,  nos deja mover con: seguridad, fe, confiabilidad, y transmitimos una imagen al otro, que es: La credibilidad.

Cuando tenemos dudas de quienes somos, debemos examinar donde está puesta nuestra fe. -Primeramente si está en Dios, y  si le conocemos, como El es.

-Después sí estamos creyendo de nosotros lo que Dios dice de nosotros.

-Y tercero si tengo definido también quien es el otro.

 En la biblia encontramos innumerables ejemplos de relaciones fallidas por la falta de conocimiento de: Dios, yo y el otro.
 Esto generó y genera confusión en los roles, actitudes, responsabilidades, etc.
 La falta de esta fe férrea en Dios ( falta de confianza más falta de  conocimiento) me dará: debilidad  en el creer, en Dios, en mí, y en mi prójimo, entonces,  nos hará mover con inseguridades, desconfianzas, in certezas y transmitiremos una imagen de: incredibilidad y seguramente generaremos relaciones débiles, deformadas, enfermas, e inseguras.

Retomando el comienzo de esta reflexión  continuamos diciendo que cuando una relación inicia, e inicia con el fundamento sincero de la confianza mutua,  se  perfila que será una  relación: sana y a la vez saludable. Es decir sin debilidades que la puedan enfermar.

Ahora quiero unir esto que he desarrollado,  a esta frase, que si bien rompió con una fortaleza mental ,  sobre la cual trabajamos muchísimo cuando misionábamos en Italia, en la Obra de Dios, puede quedar como una hermosa frase que encontramos en las redes sociales, predicaciones, reflexiones pero no continuar a trabajarla, justamente en lo personal, y esta es: "Dios no es una religión sino una relación".
Así es, que verdad profunda encierran estas palabras; esta frase es: un martillo, un arma de guerra sobre las fortalezas mentales edificadas por las religiones que los hombres mismos hemos creado. Pero también puede convertirse en un boomerang para nosotros.  Ya que si desconocemos el concepto de lo que significa una relación; como se edifica; como se mantiene y como se perpetua, podemos solo haber cambiado de palabras, "religión por relación" pero no habernos movido para nada de nuestra zona conocida, la cual sigue generando conflictos relacionales con Dios, y nuestro prójimo.
Debemos establecer bien las diferencias entre las mismas, porque sino estaremos prontos a volver a la zona conocida ( zona de confort) y no darnos cuenta cuándo nuestra relación se vuelve religión.
Si no hemos aprendido a conocer a un Dios vivo no lo sabremos, porque las relaciones interpersonales funcionan entre personas vivas.
La religión ata a vivos con muertos.
 No hay expresión de nada.
 No hay vida.
 No hay tu y yo.
No hay identidades, sino muchos "confusamente confundidos".
Por esto podemos caer en el lazo de tergiversar la manera de movernos, en una relación nueva, viva, con un Dios Vivo, que habla, escucha, se mueve, actúa, interviene.
Dios no es Dios de muertos sino de vivos (Mateo 22:32)
 El ha vivificado nuestros espíritus muertos, nos ha dado vida en su hijo Jesús (San Juan 6:47) para que nos relacionemos con él, edifiquemos en él, y disfrutemos la Vida Abundante que se desprende en esa calidad de relación, sana, confiable y productiva.

Dios te bendiga. Pastora Sara Olguín
(casafamiliadedios@gmail.com)
(Todos los derechos reservados)



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