jueves, 22 de agosto de 2013

SEMILLAS DE UNA SOLA CLASE


Levítico 19:19b "...tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezclas de hilos"

A veces pasamos por alto ciertas enseñanzas de la palabra porque nos es difícil aplicarlas en nuestra vida. Por ejemplo, esta f
rase, muchos la hemos leído sin meditarla, porque pensábamos que serían más propias, para quién trabajara el campo; sin embargo todos tenemos algo que sembrar en nuestro matrimonio, familia, trabajo... así que esta palabra es muy buena de tener en cuenta por ejemplo: en la pareja.
Allí vemos: un marido y su mujer; uno tira la semilla de la queja y el otro de la alabanza, una siembra amargura y el otro pone semillas de alegría; uno siembra semillitas de gratitud y el otro semillones de insatisfacción. ¡Qué importante que es saber antes de comprar el terrenito o la casa para casarse, que semillero tiene el futuro cónyuge, porque después cuando se empiece a recoger la siembra será tarde!
La palabra en 1 Samuel 25:3 " Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb" Esto último viene agregado como si fuera un colmo, este hombre Nabal, descendía de un linaje de fe, la cual le faltaba. Pero miremos este tipo de matrimonio que se da aún en tantos de nuestros conocidos. Un hombre terco que sembraba: terquedad, obstinación (como ídolo e idolatría, es la obstinación dice 1Sam 15:23) y una mujer, que sembraba gozo, a pesar de los dolores, y tristezas que le causaba su esposo, Abigail no dejó, con las fuerzas del Señor de sembrar su alegría, entre los suyos. El resultado lo encontraremos en la biblia, como también lo podemos ver en la actualidad como cosecha, en esos tipos de personas que formaron con su siembras este tipo de hogares: conflictivos y confusos. Muchos diríamos: -Ok, pero Abigail fue recompensada y a Nabal, Dios lo quitó del medio. Pero esa no es la voluntad de Dios, ni el divorcio, ni que el juicio caiga sobre uno de ellos, no. Dios nos advierte que primeramente examinemos bien las actitudes cotidianas de nuestro futuro cónyuge, porque se puede trabajar en ellas para cambiarlas, antes de trabajar para comprar, el terrenito del dulce hogar es más sabio, trabajar en las semillas del corazón de cada uno. Y si ya estamos casados, y este es nuestro caso, también hay poder de Dios para cambiar las semillas de nuestro corazón; si admitimos que así estamos dañando el futuro de lo que cosecharemos. Mientras dure este Hoy, dijo el Señor y nuestro corazón se humilla, tenemos esperanza y su poder salvará la cosecha de nuestra casa.
Dios te bendiga, Pastora Sara Olguín

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