jueves, 5 de septiembre de 2013

¡SUPERA EL DESALIENTO!



   Jeremías 12:5 "Si los que corren a pie han hecho que te canses, ¿Cómo competirás con los caballos? Si te sientes confiado en una tierra tranquila, ¿qué harás en la espesura del Jordán?

Aquí tenemos al profeta de Dios, quién todos temían cuando hablaba, porque se sentían acusados y descubiertos, por sus palabras que venían de parte de Dios.
 Nadie podría imaginarse al profeta Jeremías, inseguro y perplejo a causa de las contrariedades que veía.

¿Y cuáles eran esas contrariedades? En los versículos 1 al 2, las describe. 
Inicia señalando que Dios es el único justo que con justicia puede juzgar; pero ¿qué hacían los malvados prosperando? ¿por qué vivían tranquilos mientras su pueblo vivía angustiado?
 Si bien Dios en su soberanía los plantaba, ¿por qué encima ellos,  echaban raíces, crecían y fructificaban? ¿cómo podían tener Su Nombre a flor de labios cuando tan lejos estaban sus corazones de El?

Jeremías, humanamente estaba exponiendo su sentimiento de impotencia y rabia, delante del Dios, Justo y Soberano; quién sabía todo lo que él pensaba acerca de ellos, y cuánto deseaba que ya no fuesen sobre la tierra (versículo 3).
 El profeta, estaba cansado de ver las consecuencias de los pecados de esa gente; de sus maldades por las cuales, él,  atribuía las sequías y las muertes de los animales como de las aves por su causa, y que sin ningún temor,  declaraban que:  ellos, no morirían (versículo 4).
 El profeta había caído en un desaliento profundo; cansado estaba de orar e interceder para que la maldad no se multiplicara;  no echara raíces en los corazones de los hombres;  no se transmitiera de generación en generación; no arruinará más toda la creación de Dios.
Estaba casi inseguro de que esto llegara a cambiar, aun reconociendo la Soberanía y Justicia de Dios, su corazón había caído en un gran desasosiego.
No podía reponerse ante todo lo que su alma le traía a su mente, no podía dejar de recordar sus amenazas, la de los hombres de Anatot, no la población sino aquellos conspiradores de Anatot;  los cuales buscaban de quitarle la vida.
Dios lo enviaba a profetizarles el castigo por causa de su maldad, pero ellos no cambiaban, no se inmutaban sino que con todo eso planeaban su muerte.
Jeremías estaba muy cansado, lo único que veía  era el mal y enemistades. Estaba solo contra ellos, y se encontraba desalentado. Y Dios le responde, (parafraseando)
Amado si éstos, que solo  andan de a pie, es decir que solo se te oponen, que son incrédulos,  que hacen casos omiso a mis palabras, que fingen hipócritamente amor y devoción por mí y  que en sus fuerzas, hacen todo lo que quieren, te cansan ( te quitan y te inutilizan  la fe) ¿Qué harás cuando te toque ir hacia aquellos que corren, a aquellos que usan la fuerza de los caballos? ¿Cómo resistirás, como los harás ir por el mismo camino que vienen; como desbaratarás sus planes?
 Es por causa de aquello,  que debes pasar por esto.
Cuántos de nosotros sin tener el llamado que tenía como profeta Jeremías nos sentimos muchas veces desalentados, creemos que nuestras oraciones contra el mal no tienen respuestas del cielo, porque en vez de ver que retrocede el mal, sobre nuestras casas e hijos, sobre nuestro trabajo o ciudad, sobre nuestra Nación, este, se acrecienta; los enemigos se multiplican; las injusticias se agrandan.  ¿Acaso no vemos que, aún los malos prosperan, crecen y parecen tan firmes, que nos sentimos nosotros los arrancados de la tierra?
 .Jeremías 12:5b- "...Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán? 6- Porque aún tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos se levantaron contra ti, aun ellos dieron grito en pos de ti. No lo creas cuando bien te hablen." 
Cuando iniciamos nuestra vida cristiana se nos levanta una confrontación desde nuestra misma casa. Aquellos que amamos parecen nuestros propios enemigos; nos ridiculizan, nos enfrentan, nos recuerdan nuestras fallas o debilidades, se levantan contra nosotros como dice esta palabra.
 En nuestra tierra de paz, es decir nuestro hogar, nuestra parentela. Esperan que nos confiemos en ellos, para volver a atacarnos.
 Generalmente muchos de nosotros es allí  cuando perdemos nuestra seguridad en la cuál nos sentíamos fuertes.
Empezamos a dudar,  si hemos hecho bien; si no tendrán los demás razón, porque miramos la unidad y lo extenso del ataque.
 No, no debemos retroceder en la decisión que hemos hecho de seguir a Jesús. El es nuestra seguridad ya no, como tal vez lo era antes: nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros hijos, o amigos. Y en esta primera etapa, como Jeremías,   aprendemos  que Él es Nuestro Todo.

A veces queremos estar en tierra pacífica, tranquila; despertarnos y vivir un día sin altibajos, ni sorpresas, ni malas noticias o imprevistos ataques, pero en vez de esto, es como si nos trasladarán a una tierra más cruel, más llena de maldad, hay una causa por la cual Dios, nos tiene que enfrentar con  los que "corren de a pie", y esto es porque  debemos madurar y crecer para entrar, conquistar y permanecer, en la "espesura  del Jordán".
 Pasado aquel nivel o aquel tiempo de inmadurez,  en que creceremos y nos afirmaremos  solo enfrentándonos a los soberbios, a los engreídos en su fuerza, a los delirantes de grandeza, y resistiéndoles  aprenderemos a vencerlos  para después movernos en las oscuras zonas espirituales del Jordán.
<Solo el seguro puede caminar en la tierra de la inseguridad, solo el estable puede correr en la tierra de la inestabilidad, solo el que cree puede permanecer ante la incredulidad>. 

¿Quién puede dejar entrar a un civil a la guerra?
 El soldado tiene que formarse para ella.
En la espesura del Jordán, dónde los que maquinan y traman son potestades de las tinieblas; donde el  nivel de guerra es contra las huestes de maldad de las regiones celestes.
 Allí, es donde están agazapados como fieras salvajes nuestros más crueles e inteligentes adversarios.

<No hay camino por el cual Dios nos lleve, ni conflictos que debamos superar que no hayan sido permitidos para equiparnos>.

Jeremías fue un profeta tremendo en palabra, cuando el hablaba no solo temblaba el pueblo de Dios sino los demonios. El había aceptado el desafío de salir de la tierra de paz y de entrar a guerrear con los caballos de la espesura del Jordán.
 Es fácil criticar el mal, murmurar sobre los demás, juzgar y opinar que se tendría que hacer, difícil es, salir de la comodidad, de donde me encuentro protegido y meterme en terrenos oscuros donde el enemigo se agazapa para matar.
Tu y yo debemos entender que como Iglesia fuimos llamados a esto; nos gusta orar y ver como Dios en su amor salva a nuestros amados familiares pero hay una espesura cerca del Jordán que nos separa de los que no son parientes, no son buenos ni conocidos pero que están necesitando la libertad que solo la palabra profética puede traer, es decir el mensaje del evangelio; no solo entre los nuestros sino más allá de nuestra tierra de seguridad.
Hoy hay espesuras de animales salvajes en la sociedad, que están destruyendo la familia, la mujer, los niños y los futuros hombres que ellos serán. La sociedad está yendo hacia una nueva Sodoma, con hombres insensibles, inescrupulosos, que ya no se esconderán detrás de fachadas religiosas, falsos matrimonios, falsos altruismos; si aquella fue cruel, cuanto  lo será ésta, no lo podemos imaginar pero para tener una idea reaccionemos a tiempo, aprendamos y adquiríamos un carácter incorrupto, seguro y firme para poder ser armas de guerra en la espesura del Jordán.
No temas y no te detengas, avanza creyendo y confiando que la guerra no es de los que corren, sino de los que  esperan ver el Sol de su Justicia. 

Dios te bendiga, Pastora Sara Olguín.

 

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